La
Psicofisiología Forense es una disciplina
que se ha desarrollado enormemente en los últimos
años para estudiar de un modo científico
y riguroso la verificación de testimonios
mediante indicadores fisiológicos. Esta
disciplina ha venido acompañada de numerosos
estudios de campo
-casos reales- y de laboratorio
-estudios experimentales- que señalan al
detector de mentiras como la técnica de investigación
forense más fiable por detrás de
la prueba del ADN.
Un compendio de estudios iniciados en 1980 que
abarcó 92 estudios apoyados en más
de 8.000 evaluaciones practicadas, indica un promedio
de fiabilidad del detector de mentiras del orden del
98%. No obstante, el perfeccionamiento de las
técnicas de evaluación y el desarrollo
tecnológico del detector de mentiras han mejorado
sustancialmente la precisión y fiabilidad
de este instrumento. Así, estudios más
recientes arrojan una fiabilidad del 100% en más
de 150 exámenes realizados (Matte &
Reuss, 1989; Arellano, 1990).
Dado su alto índice de fiabilidad, actualmente
el detector de mentiras es utilizado por los servicios
de inteligencia y órganos de seguridad
nacional de
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más
de 90 países, entre ellos Estados Unidos,
Rusia, Bélgica, Canadá, Reino Unido,
Japón, Israel… y está perfectamente
implantado a nivel gubernamental y privado, aplicándose
cada vez más también en el ámbito
laboral y doméstico.
En Estados Unidos es usado por el FBI, la CIA
y el US Secret Service, así como por policías
locales y fiscalías; y en numerosos países
tiene valor probatorio en procesos judiciales.
Como ejemplo de la creciente
consideración e implantación del
detector de mentiras en Europa, se está
impulsado una ley en Reino Unido que requiere
que sujetos encontrados culpables en casos de
abuso sexual se sometan al detector de mentiras
antes de ser puestos en libertad. Y con objeto
de evitar y detectar posibles reincidencias, habrán
de realizar exámenes periódicos
durante su libertad.
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